Criar es el principio de una historia. Acompañar su desarrollo es parte de nuestro compromiso. Por eso nos emociona conocer lo que hacen nuestros perros cuando ya forman parte de otras familias. Estas son tres de esas historias.
Nalah y el valor del vínculo
Nalah es una Beagle de HRC Tierra de Perros vinculada a la Asociación Mi Hijo y Yo, en Gran Canaria. Según la experiencia que comparte la asociación, participa en su programa de intervenciones asistidas con animales, una labor que requiere preparación y acompañamiento profesional.
Estas actividades no sustituyen las intervenciones clínicas o educativas, y no todos los perros son adecuados para ellas: es imprescindible valorar individualmente el temperamento, la formación y el bienestar del animal. Conoce la historia de Nalah.
Trufa: inteligencia en acción
Trufa, procedente de nuestra línea de cría, trabaja con Alberto Piernavieja, profesional del adiestramiento canino en Gran Canaria. Su historia muestra el potencial del Beagle cuando se combinan selección del temperamento, socialización y educación individualizada.
El Beagle aprende con entusiasmo cuando encuentra motivación y una relación de confianza. Su olfato y su tendencia a seguir rastros pueden dificultar la llamada con distracciones, pero también ofrecen grandes oportunidades de aprendizaje:
- Llamada y atención al guía.
- Paseo con correa y exploración controlada.
- Autocontrol y gestión de la excitación.
- Juegos de olfato y estimulación mental.
- Convivencia familiar y adaptación a entornos.
Conoce Adiestramiento Piernavieja.
Sonia y la Asociación Yemaya
En Tenerife, la Asociación de Ayuda Educativa Yemaya desarrolla una labor de apoyo educativo. Sonia, educadora vinculada a la entidad, convive en El Sobradillo con una Beagle procedente de HRC Tierra de Perros, que forma parte de las actividades educativas y de acompañamiento de su centro.
Más sobre la Asociación Yemaya.
Lo que tienen en común
En nuestro centro damos mucha importancia a la socialización temprana: contacto humano respetuoso, manipulación suave e introducción progresiva de sonidos, olores, superficies y situaciones cotidianas, siempre adaptada a la edad y al estado emocional de cada cachorro. La etapa sensible de socialización va aproximadamente de las 3 a las 12–14 semanas, aunque el aprendizaje continúa después.




